El psicólogo e investigador Robert Emmons ha demostrado que sentir gratitud mejora nuestra calidad de vida y nuestro bienestar psicológico. Este sería argumento suficiente a favor de una actitud proactivamente agradecida. En el caso de la comunidad LGTB+, al igual que sucede con otros colectivos históricamente oprimidos, la gratitud toma, si cabe, una importancia mayor y un sentido especial.

En la actualidad estamos acostumbrados a oír hablar de los “aliados”, esas personas que, aunque no formen parte de un colectivo determinado, apoyan y tal vez participan en su lucha.

Ser aliado LGTB+ es actualmente algo bastante frecuente entre famosos artistas, sobre todo entre las “divas” de la canción, tanto americanas como patrias.

Sin embargo, no deberíamos olvidar que esto no fue siempre así. Durante muchos años defender la causa de la libertad sexual podía ocasionar graves perjuicios profesionales a la carrera de un actor o cantante.

Por eso, no está de más que recordemos a aquellos que estuvieron a nuestro lado cuando no era tan fácil.

En EEUU hay ilustres ejemplos como Barbra Streisand o Bette Midler, que empezó nada menos que cantando en saunas gays, cosa de la que se enorgullece, por cierto.

¿Y en España?

Aquí nos podemos remontar a la movida madrileña para encontrar un movimiento emancipador en el que participaban personas LGTB y aliados por igual. Artistas como Pedro Almodovar, Bibiana Fernández o Tino Casal luchaban por sus derechos mientras hacían películas y música inolvidables. A su lado estaba naturalmente Olvido Gara, para el universo conocida como Alaska.

Alaska se podría decir que es la aliada por excelencia. Transgresora desde los 14 años en Pepi Luci, Bom y otras chicas del montón ha dado voz a los himnos LGTB+ creados por Nacho Canut y Carlos Berlanga, se ha manifestado innumerables veces a favor de los derechos LGTB y ha sido durante años una de las figuras claves en el Orgullo madrileño contando incluso con su propia carroza.

Cuenta La Prohibida en una entrevista para la revista Shangay que Alaska y Massiel eran las dos únicas artistas de trayectoria reconocida que acudían sin faltar al Orgullo en los años de las grandes reivindicaciones cuando solo 300 personas se reunían para la ocasión.

Ninguna de ellas es lesbiana o trans pero se identificaban con la causa y prestaban voz y rostro a los que entonces no la tenían.

Tenemos una deuda con ellas, no podemos olvidarlo. Hay que agradecer a aquellos que fueron valientes cuando eso implicaba un coste.

Por otro lado no olvidemos que las cosas que suceden a un nivel colectivo suelen reproducirse también a nivel individual.

A veces tenemos la sensación de que hemos conseguido todo por nosotros mismos pero si miramos atrás veremos que existen muchas personas que nos ayudaron cuando lo necesitábamos.

Tal vez fue tu primer amor el que te ayudó a aceptarte y a quererte, quizá un maestro más sensible que el resto fue el que detectó que eras diferente y te animó a apreciarte sin ambages. Tal vez un familiar que acudió cuando más lo necesitabas o el amigo en el que confiaste tu verdad y la supo guardar hasta que estuviste preparado. Es posible incluso que fuera un extraño aquel que te animó en el momento de debilidad.

En muchas otras ocasiones seguramente fue un famoso, un lejano referente televisivo, cinematográfico o literario el que con su valentía te animó a ser libre.

En cualquiera de los casos es importante sentir y expresar la gratitud. Es fundamental el agradecimiento a aquellos que nos dieron la mano cuando más frágiles nos sentíamos. Expresemos la gratitud para así poder convertirnos nosotros mismos en referentes de las generaciones que están por venir.

Autor: Enrique Schiaffino – Psicólogo Colegiado M-27136