Existen muchas razones por las que las personas son infieles. Seguramente, tantas razones como personas. Pero, generalmente, la infidelidad suele indicar un deseo interno de cambio. Cuando algo en mi relación o en mi vida no marcha bien, la infidelidad puede convertirse en el desencadenante del cambio que pondrá de manifiesto la insatisfacción que siento, mi miedo al compromiso, mis ganas de romper, mi necesidad de novedad o la falta de aquello que nos unió… Sea como sea, cuando una pareja se enfrenta a una infidelidad, lo que está claro es que la relación nunca vuelve a lo de antes y no sólo porque pongamos sobre la mesa la necesidad de que algo ha de cambiar sino porque implica la ruptura de una promesa, secreto, decepción, inseguridad, traición y su consiguiente merma de confianza. Y si existe algo necesario en la pareja es la confianza y, en muchas ocasiones, no reparamos en ella hasta que se esfuma, su pérdida es dolorosa y difícil de superar. Estarás ahí cuando te necesite, me protegerás cuando sea necesario, serás sincero, y nunca, bajo ninguna circunstancia, me harás daño intencionadamente; son el pegamento de las parejas y la traición hace que se fracture.

Ante un engaño, lo primero que pensamos es que únicamente existen dos opciones y nos empeñamos en tomar una decisión; dejar la relación o seguir adelante asumiendo que algo ha fallado y que hay trabajar para cambiarlo. Sin embrago, en muchas ocasiones, lo primero a tener en cuenta son los efectos que la infidelidad produce, tanto en el infiel como en el traicionado, y quizás luego, podremos decidir si continuar o dejarlo.

Cómo afrontar una infidelidad

Sufrimiento emocional

El daño emocional provocado por la traición en el “engañado” vendrá determinado por la capacidad que tengamos para enfrentar otros sucesos trágicos de nuestra vida y las circunstancias de la infidelidad: duración, reiteración, forma en que se ha descubierto, quien es el tercer@… Por lo que podrán aparecer sentimientos de rabia, ridículo, depresión, ansiedad, sensación de ser la víctima de alguien muy querido (el cerebro al recibir información contradictoria se aturde)…Uno coloca al infiel en el lugar del juez que determina que uno vale o no vale. Además, pueden surgir pensamientos intrusivos acerca de lo ocurrido que interferirán en la concentración y cambiarán la forma de ver al infiel y la relación. Podrán llegar a darse reacciones de agresividad, hipervigilancia y realización obsesiva de preguntas para averiguar qué pasó. Si el daño sufrido es grande, las reacciones serán similares a las que aparecen en el trastorno por estrés postraumático, es decir, la infidelidad será vivida como un trauma.

Para dejar atrás el sufrimiento emocional habrá que exteriorizar y aceptar los sentimientos de pena, tristeza, desilusión… siendo sinceros con nosotros mismos, manifestando cómo nos sentimos y a qué tenemos miedo, explorando nuestra reacción, desilusión y dolor, sin defendernos de ello, permitiéndonos sentir. Lo más recomendable es hacerlo acompañado, y sobre todo, no  del infiel.

Conocimiento de lo ocurrido

Una vez que la carga emocional ha disminuido (no antes), podremos enfrentarnos a qué, cómo, cuándo, dónde, por qué y para qué. Esto habrán de hacerlo los dos (infiel y traicionado), juntos o por separado. Con el objetivo de dilucidar qué me/nos ha llevado a esta situación para así saber qué o a quién cambiar.

Perdón

Una vez, el dolor emocional haya remitido y dispongamos de una atribución de la infidelidad, comenzaríamos a perdonarme, pedir perdón y perdonar. Todos, procesos independientes, que se pueden dar uno sin los otros. El infiel, logra perdonarse a sí mismo para reconciliarse con su autoimagen, sin la necesidad de pedir perdón, ni que le perdonen; consigue pedir perdón o arrepentirse para seguir hacia delante, sin perdonarse, ni ser perdonado. El traicionado, puede perdonar para dejar atrás a quien no se ha perdonado, ni pide perdón. Pero, sí lo que queremos es la reconciliación y reconstruir la relación son precisos los tres procesos. Y el de pedir perdón, tiene que llevar asociado un arrepentimiento honesto que reconozca el sufrimiento causado, restituya el mal provocado, reconstruya la confianza y no permita que vuelva a ocurrir.

Y será tras el perdón, cuando estemos preparad@s para decidir si seguimos o lo dejamos.

Tras una infidelidad, sigamos o no con la relación, debemos asumir que nada volverá a ser como antes ni el infiel, ni el engañado, ni la relación, todo será diferente. Y en nosotros estará hacer de esta crisis una oportunidad o una catástrofe.

Autora: Ana Adán – Sexóloga y Psicóloga Colegiada M-22757