Tradicionalmente, han existido modelos de pareja en los que una gran diferencia de edad entre los implicados no solo no era un problema sino que representaba una virtud y garantía de éxito. Antaño, con los roles de género muy diferenciados, la relación entre un hombre maduro con una buena posición económica que asegurara el sustento familiar y una mujer joven que asegurara descendencia, era el modelo de pareja más extendido y a nadie le extrañaba que hubiera diferencias de edad de más de 10 y 15 años entre ambos. Ni si quiera hace falta irse muy lejos en la historia para ejemplificar esto, en la generación de nuestros abuelos era todavía algo muy habitual.

En cuanto a las relaciones homosexuales, las diferencias de edad han estado muy presentes desde la Antigua Grecia, época en la que casi como un privilegio aristocrático, se permitían las relaciones entre hombres maduros y adolescentes como un ritual de preparación para la vida; se entendía que el hombre adulto y sabio curtido por los años apadrinaba a un efebo a quien le introducía en sociedad, incluyendo aprendizajes sobre la erótica y la pasión. En este caso, los roles de activo-dominante y pasivo-sumiso tenían especial relevancia. Todas estas nociones sobreviven hoy en forma de clichés en la sociedad, siendo parte de los estigmas que acompañan a la homosexualidad: la feminidad y debilidad del pasivo o la perversión del “daddy” que se aprovecha de la juventud de su pareja.

Las parejas con mucha diferencia de edad actualmente

En la actualidad, es cada vez menos frecuente que exista mucha diferencia de edad entre los miembros de una pareja, tanto heterosexuales como homosexuales, probablemente auspiciado por una creciente mayor igualdad en los roles de género así como en derechos de los homosexuales y una mayor visibilidad y normalización de la homosexualidad. Alcanzar la igualdad en determinados derechos hace menos necesaria la existencia de una figura paternalista que te guíe y proteja, cambiando aquello que se percibe como atractivo en el otro.

Sin embargo, siguen siendo bastante frecuentes entre gais la existencia de parejas con mucha diferencia de edad, quizás fruto de lo reciente que es aún hoy incluso en países punteros al respecto, la normalización de la homosexualidad; la autoaceptación de la homosexualidad sigue siendo algo difícil de asimilar y expresar, por lo que una persona de más edad puede ejercer de lazarillo aportando seguridad y protección, mientras que para la persona mayor la juventud de su pareja es un reclamo sexoafectivo y rejuvenecedor. Son hipótesis que atañen a la sociología pero que a priori, no resultan ilógicas.

¿Pueden funcionar las parejas que tienen una gran diferencia de edad?

En primer lugar habría que definir qué es una gran diferencia de edad, puesto que depende de varios factores. Con 20 años una diferencia de edad de 5 años, supone un delito. Sin embargo con 35 años, 5 años de separación no suponen para la mayoría de las personas una gran diferencia. La clave está en los diferentes momentos vitales en los que se encuentre cada uno: en el caso de una persona de 20 años, adulta y universitaria o trabajadora, respecto a su pareja adolescente de 15 años estudiante de la ESO, están en etapas de la vida muy distintas y por eso la ley intenta proteger al menor. En cambio entre los 30 y los 35 años, aún pudiendo haber diferencias entre las trayectorias profesionales y experiencias vividas, se observa cómo entre ambos no hay muchas diferencias vitales. Otros factores que afectan a esta percepción pueden ser culturales.

Entendiendo pues que una gran diferencia de edad va marcada por los diferentes momentos vitales en que se encuentran los miembros de una pareja, ¿puede funcionar este tipo de relaciones? Por supuesto, la respuesta es sí, aunque muy probablemente se enfrentarán a retos que en otro tipo de parejas no surgen.

En general, una pareja consigue un funcionamiento sano si existe un buen equilibrio entre el dar y el recibir, algo que se complica si existen asimetrías entre ambos: hijos, mejor posición socioeconómica, frescura y vigor sexual, manías y rigideces… Es fácil imaginar qué miembro de la pareja puede aportar estos elementos de asimetría a la relación, pero hablaríamos de clichés ya que pueden distribuirse de cualquier manera e incluso suceder en parejas de una misma edad. Hablamos de probabilidades, es lógico pensar que en parejas de más diferencia de edad, más elementos de esta lista y muchos otros ausentes se den.

¿Cómo equilibrar entonces el dar y el recibir?

¿Cómo acompasar entonces los diferentes momentos vitales? El intercambio ha de entenderse de una forma relativa, nunca absoluta, pues entonces probablemente la persona con menor nivel adquisitivo o la persona con menos potencia sexual siempre se sentirán en deuda, y no hay nada que más asfixie una relación que la carga de sentirse deudor o la frustración asociada a sentir que no se recibe lo suficiente. Las relaciones con muchas asimetrías exigen que lo que se da por una parte, se reciba de otra manera con algo diferente: tú disfrutas mi juventud y mi vitalidad mientras que yo disfruto tus consejos y aporto menos dinero a la cuenta común. Son intercambios tácitos, no explícitos, pero que en la medida en que ambos perciban la generosidad del otro, podrán sobrellevar con paz interior las diferencias.

Esta generosidad ha de extenderse más allá, puesto que en ocasiones las diferencias de etapa vital se operativizan de muchas maneras: diferencias de ocio, de tiempo libre, de cansancio, de búsqueda de sensaciones nuevas, de formalidad de la relación… Aprender a respetar el momento del otro y sus necesidades vitales, así como estar abierto a la evolución con los años de cada uno, es imprescindible para poder reestablecer el equilibrio y el compromiso en la pareja, sin que ninguno se sienta engañado ni traicionado por el otro.

Los retos existen, y sin embargo el amor romántico entendido como la combinación de pasión, intimidad y compromiso, es perfectamente posible pese a la diferencia de edad: con más generosidad, con la búsqueda de un equilibrio en el intercambio mutuo en planos diferentes y con la apertura a querer evolucionar juntos en las diferentes etapas de cada uno.

Autor: Jacobo Ozores – Psicólogo Colegiado M-31870