La Asociación Americana de Psicología (APA) declaró en 2009 que no era admisible que los profesionales de la salud mental sugirieran a sus pacientes que es posible modificar su orientación sexual mediante algún tipo de terapia o tratamiento.

Esta declaración se basó en 83 estudios que concluyeron que no existía ninguna evidencia científica que sustentase lo que proponen las “terapias” de conversión, es decir, que la orientación sexual de alguien puede alterarse por los medios de la psicoterapia o los psicofármacos.

Más aún, lo que mostraron estos estudios es que las llamadas terapias de conversión constituyen un verdadero peligro para la salud y la vida de los pacientes pues están aparejadas a la aparición de cuadros como la depresión, diversos trastornos de ansiedad e incluso el suicidio en los casos más graves.

A pesar de toda esta evidencia y de las continuas recomendaciones de los organismos relacionados con la salud mental, aún es frecuente encontrar en muchos países a practicantes de estas “terapias” .

Estos tratamientos incluyen en muchas ocasiones intervenciones de tipo conductual que se asemejan a la tortura, lavado de cerebro y en los casos más graves abusos sexuales y hasta las conocidas como violaciones “correctivas” .

En España los practicantes de estas “terapias” son más discretos. Saben que operan en el filo de la navaja y que están en el punto de mira de activistas y de asociaciones de médicos y psicólogos.

Sin embargo, aún es posible encontrar psiquiatras de renombre en nuestro país que consideran la homosexualidad como una “conducta desordenada” y aplican estas técnicas. Cualquiera con un poco de memoria y acceso a google puede imaginarse a quien(es) me refiero.

La última en apuntarse al carro ha sido una señora que ni siquiera ostenta formación en salud mental de ninguna clase pero practica el mismo tipo de tortura. De esta forma nos encontramos la cara más perversa del intrusismo en psicología. Una persona que no tiene ningún tipo de habilitación ofrece un tratamiento inútil y manifiestamente peligroso disfrazado de acompañamiento, consejo, etc….

No es novedad que existan este tipo de intrusiones aunque tradicionalmente han venido desde otros lugares, todavía es frecuente en determinados ambientes que estos tratamientos sean administrados por consejeros de tipo religioso que disfrazados con el poder que les otorga su ministerio se apoyan en su perversa visión de Dios para inocular terribles sentimientos de culpa.

Por si fuera poco la experiencia muestra que en un gran número de casos aquellos que practican la “terapias” de conversión lo hacen sobre adolescentes indefensos que se ven forzados a someterse a la agenda conservadora de una familia que no puede tolerar la orientación sexual de su hijo y a la mala praxis de un presunto profesional que en lugar de ayudar destruye.

En ocasiones es la simple ignorancia de los padres, en otras es la incapacidad de aceptar que se tiene un hijo situado fuera de lo heteronormativo. En cualquiera de los casos deben saber que están causando un gravísimo perjuicio a la salud mental y bienestar de su hijo. Las terapias de conversión son peligrosas, vengan de donde vengan.

Si has sido víctima de alguno de estos tratamientos puedes sentir aversión a los psicólogos o a los psiquiatras y es normal que así sea. Sin embargo, volver a terapia puede ser el único camino para reconstruir aquello que fue destruido (autoestima, felicidad, tranquilidad, autoconcepto…).
Mientras tanto no pierdas de vista que no hay nada malo en ti, que hay esperanza y que todo mejora.

Autor: Enrique Schiaffino – Psicólogo Colegiado M-27136