Pornografía, adicción y realidad

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La pornografía se ha transformado en la universidad del sexo para cualquier joven adolescente con un ordenador y acceso a internet. Es un tema tremendamente polémico en el que se enredan en un debate sin fin: mafias, abusos, prostitución, libertad y prohibiciones en la red. Mientras catedráticos, psiquiatras, políticos, feministas y profesionales del sector discuten sobre estos temas, nos encontramos con que varias generaciones se han educado ya sobre la base de la pornografía.

El porno ya no es una revista Playboy manoseada. Es la galería infinita de perversiones que soñó el Marqués de Sade. Categorizadas como embutido en el supermercado, se presentan de forma libre y gratuita a cualquier menor de edad con acceso libre a internet.

Si creemos que esto es inocuo nos estamos equivocando de medio a medio.

¿Cuál es la solución?

Se han propuesto varias alternativas como limitar el acceso de los menores a la pornografía de forma eficaz o prohibirla directamente. Cualquier solución cuenta con detractores; defensores de la libertad de expresión y de la libertad en la red se oponen frontalmente a cualquier regulación más allá de la prohibición de la pedofilia. Lamentablemente no hay una solución fácil para este tema tan complejo y, desde luego, aún no conocemos el alcance real, el impacto que estos contenidos han tenido en la sociedad. Futuros estudios serán necesarios para descifrar su repercusión y legislar en consecuencia.

Y mientras tanto, ¿qué pasa con la adicción a la pornografía?

La pornografía es algo susceptible de generar adictos, por los mecanismos cerebrales que compromete y las necesidades psicológicas que cubre. A veces es complicado darse cuenta de esta adicción, sobre todo porque no estamos acostumbrados a considerar que algo así pueda ser dañino si se hace un uso inadecuado de ello.

El futuro pinta más complicado si cabe. La llegada y el perfeccionamiento de los dispositivos de realidad virtual van a generar un despunte en todo este tipo de problemáticas. Al final, si a través de unas gafas puedes ser quién tú quieras ser y estar con quién quieras estar, haciendo lo que sea que desees hacer. ¿Cómo vamos a poder resistir la tentación? Es la lámpara de Aladino al alcance de todo el mundo y cuánto más real sea la realidad virtual, menos podremos distinguirla de aquella en la que vivimos.

A pesar de todo esto sigue habiendo esperanza. Puedes despertar. Es la decisión de Neo una vez más.

¿Píldora azul o píldora roja?

Autor: Enrique Schiaffino – Psicólogo Colegiado M-27136
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