Incluso desde antes del nacimiento de un bebe, la pregunta que se hace todo el mundo es ¿Será niño o niña?, ya al nacer el mundo se divide en rosa y azul puesto que es una forma de identificar el sexo del bebe (que a esa edad es inapreciable a menos que se miren los genitales). Pero ¿Por qué se le da tanta importancia a esto? ¿Hay realmente tantas diferencias entre hombres y mujeres?
Es innegable que existen una serie de características que son más probables que se den en hombres y otras en mujeres. Por ejemplo si pensamos en una persona educada y sumisa, probablemente nos venga más fácilmente a la mente una mujer y si pensamos en una persona fuerte e independiente, en un hombre. ¿Pero son estas características innatas o aprendidas?

Muchos estudios de neuroimagen han investigado las diferencias sexuales en la morfología cerebral. Las investigaciones iniciales en este campo reportaban diferencias regionales en el volumen cerebral entre hombres y mujeres a través de imágenes de resonancia magnética (IRM), hallando diferencias en el tamaño del cuerpo calloso y la materia gris. Estas diferencias se interpretaron dando lugar a teorías como que el cerebro femenino está mejor conectado entre hemisferios (siendo más multi-tarea) o que el masculino debe a su anatomía la mejor capacidad y habilidad con algunas materias como las matemáticas.

En cambio, posteriores estudios han visto que si se tenía en cuenta la altura, las diferencias de tamaño disminuían dos tercios. Por tanto la diferencia anatómica del cerebro en los diferentes sexos es mínima y no solo eso, sino que es una diferencia de grado.
Desde ese momento, numerosas investigaciones han sugerido que el sexo / género del cerebro no presenta características tan bien definidas como las presentadas por los genitales. Un ejemplo de esto es que los cerebros de las personas transexuales son ligeramente más similares a los del “género sentido” que a los del sexo que indican sus genitales.

El cerebro no es tan diferente según el sexo como los genitales, si no que existen pequeñas variaciones graduales

También hay que tener en cuenta que el cerebro humano tiene una variedad de características individuales que pueden ser más variables entre cerebros del mismo géner que las diferencias que se parecían entre géneros. En consecuencia, los cerebros humanos no pueden clasificarse en dos categorías distintas de “cerebro masculino” versus “cerebro femenino” si no que lo tenemos que entender como un continuo.

Otro aspecto a tener en cuenta es el de si las pequeñas diferencias que existen, se deben a características innatas o si se aprenden en el contexto.
Un experimento social que se realizó en los años 90 demostró, poniéndole ropa rosa a los bebes de sexo masculino y azul a las bebes de sexo femenino, que interactuamos con ellos de forma diferente según la asunción de género que hagamos. Es decir, a las niñas con ropa azul se les hablaba con voz mas grave, con frases más cortas y se les ofrecían más juguetes asociados a los niños como las pelotas y los camiones, en cambio a los niños vestidos de rosa, se les hablaba más, con un tono más suave y se les ofrecía muñecas.

También se sabe que el cerebro es un órgano plástico (sobre todo en la infancia) y que se va desarrollando según las actividades que hagamos, potenciando algunas habilidades más que otras. En este sentido, es muy fácil llegar a la conclusión de que es posible moldear las diferencias de género a través de los roles que impone la sociedad.

El cerebro se moldea según las actividades que hagamos, potenciando nuestras destrezas

Aunque el cerebro sea el gran órgano desconocido del ser humano y queden muchas investigaciones que realizar, ya vemos indicios de que ni si quiera nuestra anatomía es tan dicotómica como lo que se nos quiere hacer pensar y que tanto el sexo como el género son un espectro que va mucho más allá de dos categorías.