Desde muy pequeñxs, recibimos información sobre el mundo que nos rodea casi sin pasar por ningún filtro que nos ayude a organizarla. No tenemos la suficiente madurez intelectual necesaria para poder refutar o analizar esa información. Si bien el aprendizaje es un aspecto vital en el desarrollo del ser humano, no es hasta cierto nivel de ese desarrollo que podemos seleccionar, categorizar y “digerir” de una manera más sana esa información. Es por ello que en la más temprana edad se adquieren aprendizajes que pueden ser disidentes con el paso del tiempo a nuestra propia identidad. Una de estas disidencias es la homofobia interiorizada.

La homofobia es el miedo, rechazo u odio hacia las personas homosexuales. Se puede expresar de dos maneras distintas: manifiesta y sutil.

  • Nos referimos a una homofobia manifiesta cuando se hace evidente a través de violencias verbales o físicas.
  • Hablamos de homofobia sutil cuando opera en otro nivel más inconsciente y menos visible, y que puede sobrevivir a la sociedad, que a su vez la normaliza.

Una consecuencia directa de esta homofobia sutil es la homofobia interiorizada, que no es más que el rechazo o no aceptación de la propia homosexualidad. El aprendizaje de prejuicios y estereotipos durante la infancia puede quedar para siempre residual en nuestro sistema de valores, de modo que afectará al conjunto de creencias erróneas o mitos sobre nuestra identidad y puede desembocar en emociones negativas y baja autoestima.

Existe en Psicología de la Gestalt, un término que sirve perfectamente para definir estos aprendizajes: los introyectos.

Un introyecto es el conjunto de representaciones mentales presentes en una persona durante su infancia y que van a determinar en cierto modo su conducta.

Ejemplos de introyectos homófobos son: la creencia de que los homosexuales son promiscuos, esconder la propia identidad u orientación sexual, armarizarse, no ver con buenos ojos que dos personas del mismo sexo muestren su afecto en público, aversión por la “pluma”, etc.

A la homofobia interiorizada le suelen acompañar emociones negativas tales como el miedo, la vergüenza, el asco, la ansiedad, e incluso conductas de evitación o negación de todo aquello relacionado con la orientación homosexual por ese miedo a ser rechazadx. También suele ser común que la persona con introyectos homófobos presente un autoconcepto deteriorado y una baja autoestima.

La terapia es una herramienta muy útil para hacer conscientes los introyectos y poder trabajarlos.

Haciendo consciente la homofobia interiorizada, permite trabajar directamente con el autoconcepto y esas emociones negativas que la definen. Lograr una visión acertada de la propia orientación sexual es algo muy positivo que consolidar en nuestra identidad, y que afectará directamente en nuestra manera de vivirla, disfrutarla, y así conseguir tener una mejor salud mental y calidad de vida.

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Autor: Antonio Alcalde.