Seguramente uno de los momentos más difíciles por los que tiene que pasar un adolescente gay, lesbiana o bisexual es el de enfrentar su realidad con su familia. Dentro de la reacciones por parte de las familias nos encontramos todo tipo de casuística, pero (desgraciadamente) aún existen muchos padres y muchas madres para los que supone un disgusto que su hijo/a tenga una orientación homo/bisexual. Esto ocurre en muchas ocasiones porque pertenecen a otra generación donde la homosexualidad no miraba de igual a igual a la heterosexualidad, sino que era un tabú, cuando no lo peor que podías ser. Solamente hay que caer en la cuenta de que existe toda una generación que ha transitado en este tema de la ley de vagos y maleantes del Franquismo en la que el ser homosexual era de lo peor que podías ser, a la igualdad plena de la que disfrutamos hoy en día.

¿Por qué motivo puede costarles aceptarlo? Pues puede ser que aún ronden por su cabeza algunos de los estereotipos (que si la pluma, que si no va a poder formar una familia, la promiscuidad, el VIH/SIDA, etc). También porque piensen que va a sufrir mucho porque la sociedad es aún muy homofóba y va a sentir rechazo o que le pueden agredir o echar del trabajo, blablabla… No dándose cuenta de que ellos, al no aceptarlo, se están convirtiendo en el mayor obstáculo. Pero luego hay razones menos profundas, como el que no queda bien de cara a la sociedad el tener un hijo/a gay o lesbiana o “a ver cómo va a pensar la vecina que he educado a mi hijo/a para que sea m****.

Es importante que los gays y las lesbianas hablemos de nuestra realidad con nuestros progenitores y nos hagamos visibles con nuestras familias. Vamos a ser gays y lesbianas y lo vamos a ser toda nuestra vida, así que tarde o temprano tendremos que hacerlo. Luego, al hacerlo, la respuesta no será tan negativa como pensábamos y son más los fantasmas que tenemos, que la realidad.

Y la igualdad que tenemos que conseguir en la familia tiene que ser total. Nos tienen que tratar en las mismas condiciones que lo hacen con nuestro/a hermano/a heterosexual. No podemos conformarnos con menos.

Autor: Pablo López – Psicólogo Colegiado M-26171