Salir del armario, quizá sea una de las decisiones más complicadas y a la vez más satisfactorias de la vida de todo homosexual. Vivir fingiendo ser otra persona y sintiendo miedo a ser rechazado por ser uno mismo, en ocasiones, puede convertirse en algo muy angustioso que puede generarnos un constante estado de alerta. Y hacer que entre nosotros y el mundo construyamos un muro para no ser lastimados, muro que igual que nos protege de las flechas también nos distancia de los besos.

Por desgracia, a pesar de que hoy en día, en nuestro país existe una ley acerca del matrimonio entre personas del mismo sexo, siguen siendo necesarios artículos como éste, ya que los niveles de homofobia, aunque decrecientes, persisten y provocan que las personas con una orientación homoerótica, pasen etapas de desasosiego y/o malestar emocional por sentirse diferentes. Cuando paradójicamente, no existen dos individuos con genes, hormonas, cuerpos, pensamientos, sentimientos, educación, experiencias y expectativas sociales iguales, no existiendo así dos eróticas iguales, por lo que todos: homosexuales, heterosexuales, bisexuales, asexuales… somos “raros” y/o diferentes.

El proceso de auto-aceptación

En la actualidad, no hay semana en la que alguien conocido salga del armario y ello genere cierta polémica sobre la conveniencia o no de hacerlo, el momento elegido y/o la forma. Obviando que previo a “salir del armario” hay que sentirse lesbiana, gay o bisexual; es decir, pasar por un proceso de autodefinición en el que asumamos nuestra orientación y nos identifiquemos como tal. No puedo decir lo que soy, si no siento que lo soy. Dicho proceso requiere, en muchas ocasiones, del paso por las siguientes fases:

  • La percepción de sentirse diferente: bien porque somos conscientes de sentirnos atraídos por personas de nuestro mismo sexo o por no sentirnos atraídos por el sexo distinto (muchas mujeres que no se sienten atraídas por hombres interpretan que no han encontrado al hombre adecuado y su atracción hacia alguna mujer pueden confundirla con amistad o admiración).
  • Autorreconocimiento: ya no cabe duda de que me atraen personas de mi mismo sexo.
  • Experimentación y exploración de conductas homosexuales: se mantienen las primeras relaciones homoeróticas, se busca a otras personas que sientan lo mismo, produciéndose un acercamiento al “ambiente”.
  • Aceptación de la identidad: comenzamos a sentirnos bien sintiendo lo que sentimos y haciendo lo que hacemos.

Estas tres últimas fases no son secuenciales, sino que coexisten en el tiempo y, es en ellas donde más frecuentemente surgen dificultades y/o malestares. Cuando esto sucede suele deberse a la homofobia interiorizada. Y en muchas ocasiones, será necesaria la terapia psicológica para dejar de sentirnos mal por ser homosexuales.

Homofobia Interiorizada

Herek, Cogan, Gillis & Glunt (1997) la definen como la aversión hacia los propios sentimientos y comportamientos homosexuales, pero también, como la actitud hostil y de rechazo hacia otras personas homosexuales, la denigración de la propia homosexualidad como estilo de vida aceptable, la falta de voluntad para revelar a los demás la propia homosexualidad, la percepción del (y miedo al) estigma asociado con ser homosexual, y la aceptación (“inconsciente“) de los estereotipos sociales sobre la homosexualidad.

Dicha dificultad para asumir, aceptar o visibilizar nuestra homosexualidad puede originarnos distorsiones cognitivas respecto a la propia y ajena homosexualidad, baja autoestima, ansiedad, tristeza, vergüenza, rabia… que convierten nuestra vida como homosexual en una tarea casi insoportable.

Superar la homofobia interiorizada requiere terapia. Un tratamiento psicológico concreto llevado a cabo por un psicólogo/a con formación específica en diversidad afectivo-sexual.

Salir del armario

Una vez asumida nuestra orientación e identificarnos como homosexuales, el siguiente paso sería “salir del armario”, declarar voluntaria y públicamente nuestra homosexualidad (generalmente, suele hacerse primero con otros amigos homo, luego con amigos heterosexuales y más tarde ante la familia y en el trabajo).

No existe un “manual mágico” para salir del armario; pero sí recomendaciones a tener en cuenta:

  • Sé consciente de que es un proceso y que tendrás que hacerlo en infinidad de ocasiones. Armarios hay muchos y motivos para no salir de ellos más; pero no olvides, que no hacerlo te aleja de los que te rodean y puede volverte una persona distante.
  • Comienza primero con aquellas personas con las que te sientas más cómoda contándoselo y de una en una, eso hará más fácil salir en las siguientes veces.
  • No lo hagas durante una discusión, si la persona a la que se lo vas a decir pasa por malos momentos o si temes que la reacción va a generarte consecuencias negativas o malestar emocional.
  • Si la gente reacciona airadamente o de manera agresiva, o no desea escuchar lo que estás contando, no continúes.
  • Si necesitas ayuda búscala y pídela. En tu yo Psicólogos LGTB estamos a tu disposición para acompañarte en tu proceso.

En un estudio llevado a cabo en el Centro de Estudios sobre el Estrés Humano del Hospital Louis H. Lafontaine de la Universidad de Montréal hallaron que lesbianas, gays y bisexuales que habían revelado su orientación sexual tenían unos niveles más bajos de la hormona del estrés (cortisol), y menos síntomas de ansiedad, depresión y agotamiento. Concluyendo que aquellos que estaban fuera del armario se sentían mejor física y mentalmente que los que no lo estaban.

Razones para salir del armario

Razones para salir del armario existen muchas; la más importante, en mi opinión, es la de sentirse bien. Mi experiencia clínica me dice que para que una persona esté bien con algo, lo que siente, lo que piensa, lo que hace y lo que dice han de ser congruentes, es decir, estas cuatro entidades han de expresar lo mismo. En el momento que una manifiesta una tendencia contraria existirá malestar.

Cómo estén combinados, congruente o incongruentemente, estos cuatro elementos darán lugar a muy diversas problemáticas con muy distintas consecuencias. Cada caso es único y peculiar, y sin ánimo de ser reduccionista, lo más habituales suelen ser:

  • Si siento que soy homosexual pero no mantengo relaciones con otras personas de mi mismo sexo, además pienso que está mal serlo y no digo nada, estaré abocado a estar solo o a mantener relaciones insatisfactorias. Mis vínculos con otras personas estarán basados en una omisión y/o mentira y ello me llevará, probablemente, a vivir una vida que no sentiré como mía.
  • Si siento que soy homo, mantengo relaciones homoeróticas, pero pienso que está mal hacerlo y/o serlo y lo oculto, seguramente me generará un estado de angustia y ansiedad que provocará en mí un conflicto que puede hacer que aleje a las personas con las que me relaciono sexualmente.
  • Si siento que soy homo, mantengo una relación de pareja homosexual, pienso que está bien sentir y hacer lo que hago, pero no lo revelo a aquellos que me rodean, viviré en estado de alerta y estrés, intentando controlar quién sabe qué y no expresando según qué conductas para no levantar sospechas, privándote y privando a los que te rodean de vivir muchas situaciones plenamente.
  • Si no siento que soy homo, pero mantengo relaciones con otros homosexuales, no me planteo si está bien o mal y oculto lo que hago o únicamente lo cuento a alguien muy cercano, estaré, seguramente, haciendo daño y alejando con quien me relacione eróticamente.

Todas estas situaciones tienen un denominador común, el sufrimiento, y de todas afortunadamente se sale, bien analizando qué estoy haciendo que me genera malestar e intentar cambiarlo, o bien, buscando terapia psicológica para auto-aceptarnos. En ocasiones, requerirá mucho esfuerzo, en otras, durante el proceso me sentiré mal o perderé a gente a lo largo del camino; pero si algo puedo asegurar es que los besos compensan las flechas y que por ello derribar los muros que nos rodean merece la pena.

Autora: Ana Adán – Sexóloga y Psicóloga Colegiada M-22757