En ocasiones llevamos una relación de amor/odio con nuestra sexualidad. A través del sexo, recibimos una recompensa positiva muy potente e inmediata, por lo que el “enganche” es muy fácil y nos encanta disfrutar de ello y practicarlo. Pero a veces, su realización entra en conflicto con vivencias personales que tenemos, o con determinadas creencias y valores, o lo utilizamos como herramienta para tapar otras cosas que no nos atrevemos a encarar directamente.

Nos sentimos mal teniendo sexo cuando sentimos que estamos siendo infieleses porque o no nos atrevemos a hablar con sinceridad con nuestra pareja sobre ello exponiendo las necesidades que tenemos o porque no hemos sido capaces de manejar el impulso. Tanto una como otra de las respuestas son factibles, la primera si deseas tener un modelo de pareja abierta, y la segunda si optas por una pareja cerrada.

En otras ocasiones, directamente, vemos el sexo como una herramienta. El sexo se ha utilizado históricamente, por ejemplo, para conseguir dinero o privilegios. También lo utilizamos como forma de disminuir nuestros niveles de ansiedad. Esta utilización puede llegar a convertirse en un problema y ocasionar eyaculación precoz, si en vez de disfrutar del proceso de la masturbación, sistemáticamente nuestro objetivo es conseguir rápidamente la eyaculación para descargar nuestra ansiedad.

También, a veces, buscamos un contacto sexual como forma de aumentar nuestra autoestima, muy tocada en algunos hombres gays. Importante darse cuenta que hay personas con una alta homofobia interiorizada que niegan una parte de ellos tan importante en la identidad como su sexualidad, lo que daña de una manera muy considerable su autoestima. ¿Qué más puede dañar la autoestima que negar algo tan nuclear en uno como es su sexualidad?

Además, cuando uno está “dentro del armario” tiene muy separada su parte afectiva de la parte sexual, es decir, se permite tener sexo, pero no relaciones con sentimientos. Y cuando tiene los contactos sexuales, y desaparece el morbo inicial después de la eyaculación, llega un profundo sentimiento de culpa ligado a pensamientos homófobos aprendidos: “esto está mal”, “tengo que dejar de tener relaciones homosexuales porque esto solo me va a ocasionar sufrimiento”, etc.

En resumen, el sexo, que debería ser una forma de comunicarnos, compartir, ser fuente de placer… a veces lo convertimos en motivo de sufrimiento e insatisfacción. Si te ocurre esto, sería conveniente que te plantearas acudir al psicólogo-sexólogo para llevar a cabo terapia sexual y poder superar todas estas dificultades.

Autor: Pablo López – Psicólogo Colegiado M-26171